Más del 60% de niños, niñas y adolescentes en Chile presentan síntomas de ansiedad o depresión postpandemia, según un estudio publicado en Frontiers in Psychology y desarrollado por expertos en salud mental infanto-juvenil. Esta cifra no solo es alarmante, sino que también nos invita a reflexionar sobre el rol que jugamos como adultos en el desarrollo emocional de nuestros hijos e hijas.
¿Por qué es tan importante hablar de emociones en la crianza?
Reconocer, validar y gestionar nuestras emociones no es un trabajo sencillo, hacer que adolescentes, niños y niñas lo hagan, es sin duda un trabajo desafiante, pero es fundamental para su desarrollo emocional.
La infancia y la adolescencia son etapas de gran intensidad emocional. En ellas, los niños y niñas aprenden a interpretar el mundo a través de sus experiencias afectivas. Sin embargo, cuando no se les enseña a identificar lo que sienten, a nombrarlo y a expresarlo de forma saludable, pueden surgir dificultades como conductas disruptivas, retraimiento, baja autoestima o problemas en sus relaciones sociales.
Independiente de nuestro estilo de crianza, cuando se habla de emociones, evitar las que son particularmente “difíciles” no es la mejor práctica. Debemos tratar de acompañar estas emociones y momentos, enseñar a identificar lo que siente, nombrar las emociones y en conjunto buscar la manera saludable de expresarlas. Esto fortalece el vínculo afectivo y previene conductas inesperadas en el futuro.
Características clave de una crianza emocionalmente consciente
- Validación emocional: Aceptar lo que el niño o niña siente, sin juzgar ni minimizar. Frases como “entiendo que estés enojado” o “es normal sentirse triste a veces” son poderosas.
- Nombrar las emociones: Ayudarles a ponerle nombre a lo que sienten. Esto les da herramientas para comprenderse y comunicarse mejor.
- Acompañamiento activo: Estar presentes emocionalmente, no solo físicamente. Escuchar, observar y contener.
- Modelar con el ejemplo: Tratar esa rabieta exigiendo el manejo y control de sus emociones puede ser poco empático si nosotros mismos no “controlamos” nuestras reacciones. Por eso, modelar una buena gestión emocional desde nosotros como adultos es una de las formas más efectivas para enseñar. Es educar con el ejemplo.
¿Cuándo buscar apoyo profesional?
A veces, a pesar de nuestros esfuerzos, notamos que nuestros hijos e hijas presentan señales de malestar emocional persistente: irritabilidad, aislamiento, regresiones, dificultades para dormir o expresarse. En estos casos, acudir a un especialista en psicología infanto-juvenil puede marcar una gran diferencia.
El acompañamiento profesional no solo ayuda a los niños y niñas a desarrollar habilidades emocionales, sino que también brinda a madres, padres y cuidadores herramientas concretas para fortalecer el vínculo y enfrentar los desafíos de la crianza con mayor seguridad.
Conclusión: Cuidar las emociones es cuidar el futuro
La gestión emocional no es un lujo, es una necesidad. Enseñar a nuestros hijos e hijas a reconocer y expresar lo que sienten es una inversión en su bienestar presente y futuro.
En nuestra clínica, contamos con profesionales especializados en psicología infanto-juvenil que pueden acompañarte en este proceso. Si sientes que necesitas apoyo o simplemente quieres fortalecer el desarrollo emocional de tu hijo o hija, no dudes en contactarnos. Educar con amor también es educar con conciencia emocional.

